domingo, 5 de diciembre de 2021

Gebas, mi pueblo

Gebas, mi pueblo

 

Mi pueblo, tierra fértil, cada semilla que el hombre siembra crece como la espuma, recolectándose en buenas cosechas. Por el este unos barrancos, capricho de la naturaleza. Te asomas al mirador y parece un paisaje lunar. Por el oeste Sierra Espuña, kilómetros de montañas repletas de pinos autóctonos, romeros, tomillos, mejorana, y mucha vegetación. Cuando llueve, respirar es gratificante.

Allá por los años 60, teníamos por costumbre, después de cenar, salir a la terraza, tumbarnos en las hamacas, o en colchonetas en el suelo y mirar al cielo, contemplar millones de farolas iluminando el universo. Algunas de ellas trasladándose de un sitio a otro, lo cual te dejaba iluminado por su resplandor. Ahora es imposible con la desproporción lumínica que tenemos en pueblos y ciudades. En estas últimas con tanta contaminación casi no podemos ver con claridad el cielo y sus farolas, que iluminaban las esmeraldas de nuestro rostro. A nuestra costumbre de mirar el cielo se unían algunos vecinos, entre ellos había dos chicos, Diego y Lázaro. Diego hablaba muchísimo, pero era divertido, Lázaro todo lo contrario solo hablaba con las piedras. Eran el Yin y el Yan, pero entre ellos había una química especial y buena conexión. Nos hacían pasar unas buenas y estupendas veladas, que me gustaría que se repitieran. Esto es un poquito de nostalgia.

 

Mª Elena Montalbán

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