domingo, 5 de diciembre de 2021

Mírame a los ojos guapa

 

Mírame a los ojos guapa

 

En un otoño lluvioso, un caballero buscaba

La calle donde vivió, antes de marchar de España.

Recorrió el pueblo entero, sus rincones y sus plazas

Pero todo fue en vano, porque nadie le explicaba

que habían cambiado el nombre de las calles

y los números de las casas.

 

Entonces comprendió, por qué devolvían las cartas,

que escribía cada día a su esposa, a la que él tanto amaba.

Le daba los buenos días, con un “mírame a los ojos guapa”

inundando con su luz, hasta el fondo de su alma

“No puedo vivir sin ti, por qué sin ti no soy nada”.

 

Con estos lindos recuerdos, llegó a una hermosa plaza

repleta de personas de toda clase y raza.

Entre el gentío una preciosa joven

en sus manos una bolsa blanca

Dando comida a las palomas, que a su alrededor revoloteaban

 

El caballero sin darse cuenta, hacía ella se acercaba

se quedó petrificado, cuando la miró a la cara

vio dos brillantes perlas, de un verde esmeralda

Y se atrevió a preguntarle - señorita ¿cómo te llamas? -

 

Le contestó con dulzura, - señor mi nombre es Esperanza -

- ¿Tu primer apellido es Beltrán? - Si - dijo ella, un poco asustada -

- ¿cómo sabe mi apellido? - Es una historia muy larga -

- ¿Dónde vives? - Aquí cerca - ¿Te puedo acompañar a casa? -

 - No, eso no es posible, no le conozco de nada -

- ¿Vives sola? - No señor, vivo con mi yaya -

- ¿Y tu madre? - Está en el cielo - ¿De tu padre que sabes? – Nada,

hace tiempo se marchó, a una tierra lejana -

 

La joven le dijo adiós y se fue desconcertada

Él quedó confuso, inquieto, con la cara desencajada

Era su hija no tenía duda, pero ¿cómo lo explicaba?

La fue siguiendo de lejos, para que no sospechara

 

Solo quería saber, donde estaba su hogar

Entonces reconoció la calle y también recordó la casa

La tristeza lo atrapó, porque su esposa no estaba

Ya no podría decirle “mírame a los ojos guapa”

 

Se atrevió, llamó a la puerta y la que abrió fue la yaya

Ella si lo conoció, lo abrazó y dijo - ¡hijo de mi alma, pasa! -

Él la retuvo en su pecho, un buen rato junto a su alma

 - Cuántas arrugas Dios mío, ya no parece su cara

¿Por qué no me vine antes, para poder ayudarla? -

-  Dime hijo mío, ¿qué fue de tu vida? Tantos años sin saber nada -

- Madre escribí todos los días, pero devolvían mis cartas

 Por favor cuéntame todo, ¿cómo nos dejó mi amada? -

-  Creo que de tristeza, sus padres se la llevaron a su casa

No sufras más hijo mío, estuvo muy bien cuidada

Dejó este mundo recordándote, repitiendo tus palabras

Cogía las manos de vuestra hija, le decía “mírame a los ojos Esperanza”-

 

En ese momento bajó las escaleras, elegante, esbelta, guapa,

Había escuchado todo lo que preguntó su padre y lo que explicó la yaya

Ya se despejó el misterio, del caballero en la plaza

de su ternura con ella, de tantas preguntas extrañas

Se abrazó al cuello de su padre, de besos inundó su cara

él la llenó de caricias y le dijo - mírame a los ojos, hija de mi alma.

  Aquí estoy con vosotras, y no me moveré de casa

tengo una gran fortuna, no os faltará de nada -

Y se abrazaron los tres, la felicidad, el amor, en el aire se notaba.

 

 

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